Un espacio para todos los abogados, basado en la colaboración, la cooperación, la empatía, la sensibilidad y solidez que el mundo actual necesita.
El 31 de marzo del 2023, en Buenos Aires, se llevó a cabo el acto fundacional de la “Asociación Argentina de Coaching Jurídico y Derecho Colaborativo” (AACJDC), un espacio para todos los abogados que desean materializar una nueva forma de ejercer la profesión, basada en la colaboración, la cooperación, la empatía, la sensibilidad y solidez que el mundo actual necesita.
El objetivo primordial es el de difundir, promover y capacitar en dichas disciplinas, generándose un punto de encuentro en el que confluyen todas las herramientas que este nuevo abogar requiere, y que fundamentalmente tiene que ver con una nueva conciencia en el abordaje y resolución de conflictos.
En este sentido, el Coaching Jurídico es la disciplina que actualiza y desarrolla esas habilidades humanas indispensables en estos tiempos y que nos preparará como abogados para dar respuesta a un mundo cada vez más complejo y exigente. Apoyado sobre la base del coaching ontológico, se traduce entonces en un movimiento de transformación personal y profesional integrando nuevos saberes no estrictamente jurídicos (por ejemplo, la incorporación de las llamadas habilidades blandas) para lograr mejores resultados en el desempeño profesional.
Por su parte, la práctica colaborativa nos ofrece una alternativa amigable y superadora para los procesos de negociación y resolución de conflictos, basada principalmente en la gestión de las emociones, la ética y buena fe, la confianza y el trabajo multidisciplinario, la negociación por intereses, el compromiso incondicional que se refleja en la renuncia de ir a tribunales en caso de no lograr un acuerdo.
La práctica colaborativa es un proceso voluntario de negociación y resolución de conflictos en el cual los clientes llegan a un acuerdo entre ellos sin recurrir a tribunales ni someterse a la decisión de un tercero.
Es así que, con el entusiasmo de dar a conocer esta nueva propuesta, conformado por un equipo de profesionales comprometidos con su misión, surge este espacio que recoge, acompaña y atiende las demandas de este abogar emergente.
Tal como apunta su presidenta, Dra. Rossana Bril, luego de cinco años de trabajo ininterrumpido en el desarrollo del Coaching Jurídico, y la alianza en el 2020 con la Asociación de Derecho Colaborativo de Euskadi – España, se crea la AACJDC con el propósito de seguir expandiendo esta propuesta.
La historia de la práctica colaborativa comienza con el fundador del movimiento Colaborativo: StuWebb, un abogado de Minneapolis, Minnesota que practicó derecho de familia tradicional durante más de veinte años. A fines de la década de 1980, se interesó por la mediación y la resolución alternativa de disputas. El desafío de StuWebb fue crear una manera de incorporar el talento particular de los abogados como solucionadores de problemas en un proceso de «solo acuerdo» para la representación de derecho de familia. StuWebb imaginó un modelo en el que los abogados no pudieran, bajo ninguna circunstancia, acudir a los tribunales por ningún asunto. Al carecer de un tribunal como opción de resolución de conflictos, los abogados no tendrían otra alternativa que afrontar el desafío de resolver el problema.
De esta intuición nace el “Derecho Colaborativo”. En 1990, StuWebb anunció a sus clientes y colegas que ya no acudiría a los tribunales y solo representaría a los clientes en un proceso de negociación participativo dirigido únicamente a acuerdos creativos. Si el proceso no resultaba en un acuerdo, StuWebb referiría a sus clientes a un abogado litigante y se retiraría del asunto.
Puedes contactarnos completando el formulario de aquí abajo:
Mi nombre es Rossana Bril.
Soy un alma muy inquieta, curiosa y buscadora. De chiquita sentía que estaba acá, en este mundo por algo y para algo, pero no tenía la certeza del para qué y del por qué. En el año 2017 tuve una revelación, y comprendí todo. Mi misión es la paz, la construcción de paz. Y de repente todo tuvo sentido, las diferentes formaciones académicas que tuve y las formaciones más holísticas también.
Estoy convencida que los abogados podemos cambiar el campo cuántico de los conflictos, si abordamos todo desde la estructura de la paz. Para lo cual debemos ir más allá de las leyes escritas, debemos trabajar en nuestra propia transformación para ser el cambio que queremos ver.
Tengo la certeza que somos muchos, muchos más los que estamos en esta sintonía y frecuencia, y que cuando lleguemos a la masa crítica necesaria daremos un gran salto como humanidad.
Esta asociación es un espacio para expandir, contagiar y manifestar la paz, como forma de abordaje de los conflictos. Un lugar de encuentro, para todos los que sentimos, pensamos, y abogamos por un mundo mejor.
Mi nombre es Gabriel Tocco
De un tiempo a esta parte advertí que no estamos en una época de cambio, sino en un cambio de época. Entonces las respuestas que estamos acostumbrados a dar ante determinados hechos o casos, ya no sirven. No podemos actuar de la misma manera que antes, cuando las realidades son distintas.
Los abogados fuimos formados para negar y rechazar todo lo que el otro, el rival, el enemigo, afirmaba. Fuimos formados para luchar y en lo posible, vencer.
A partir de mi formación en mediación, primero, y de haber explorado las herramientas del Coaching Jurídico, después, pude experimentar que podía ofrecer mis conocimientos de una forma distinta. Si abogar es hacer algo por el otro, en definitiva darle un servicio, uno podía elegir de qué manera ofrecerlo.
Con los años me di cuenta que la gente que viene al estudio necesita ser escuchada, no solo por su abogado. Y en los métodos adversariales, difícilmente ello ocurría.
Como dice uno mis mentores, Daniel Russo: “El conflicto es inevitable, el combate es opcional”
Elijo formar parte de esta Asociación porque estoy convencido que existe una manera distinta de ejercer la profesión. Una que la humaniza porque no pierde de vista que es una persona con la que estamos tratando. Una persona que en definitiva anhela vivir en paz.
No reniego de los Tribunales. Hay veces que son la única alternativa. Pero incluso allí podríamos trabajar en forma más ética y colaborativa para que los pleitos terminen antes.
Por ello y para poder difundir esta forma de abogar, que está más en línea con los principios y valores que personalmente sostengo y para poder colaborar en la formación de una sociedad más pacífica en donde las partes de un conflicto sean los actores principales de su solución, formo parte de esta Asociación. E invito a mis colegas a que se animen a conocernos.
Mi nombre es Paula Mandolese.
Desde chica quise ser abogada y tuve el deseo de construir un mundo mejor. Busqué en distintos espacios donde desarrollarme como profesional, sin sentirme cómoda y plena, hasta que incursioné, primero en el mundo del Coaching Jurídico y luego en el Derecho Colaborativo…. fue como llegar a casa.
Aplicando las herramientas que incorporé en ambas formaciones, como ser la escucha consciente, la ampliación del observador, la comunicación clara y no violenta, la construcción de la confianza y la empatía, logré disolver conflictos y obtener buenas negociaciones, entablé vínculos sanos, sólidos y honestos con clientes, colegas y equipos de trabajo y, sobre todo, logré disfrutar de mi profesión y sentirme orgullosa de ella.
Creo que el pequeño aporte de cada uno de nosotros logrará el cambio que queremos ver en el mundo, y concretamente en el Sistema de Justicia, haciéndolo más humano, amigable y posible para todos.
Por eso, decidí sumarme a la Asociación, con la intención de compartir estos aprendizajes y de seguir nutriéndome de mis compañeros, con quienes comparto creencias y anhelos y a quienes admiro. Mi propósito es que esta comunidad crezca y llegue a quienes resuenan con esta maravillosa forma de abogar.
Mi nombre es María José Sanchez.
Soy una “millenial” con ganas de cambiar el mundo; quiero ser esa gota de cambio en los oceános en los que “navego”… Soy una persona en constante proceso de conocimiento personal y transformacional, para así dar lo mejor de mí al mundo que me rodea. Reconozco que, por momentos, ello no es fácil, pero persisto y reencauzo.
Me declaro una persona férrea defensora de los valores y la libertad humana. Aprendí que el éxito es estar en paz con nosotros mismos y con los demás y es aportar algo positivo en la vida de quienes nos rodean.
Precisamente, ese es mi propósito: contribuir con mi aporte en el ejercicio de la abogacía para que ésta sea más humana y colaborativa. Creo en una Abogacía sostenible, donde las futuras generaciones de abogados tengan las herramientas necesarias para ejercer un abogar alineado a la paz y bien común. Precisamente, me uní a esta Asociación porque somos un colectivo de personas (y abogados) para abrir camino y brindar las herramientas necesarias para un nuevo abogar.
Mi nombre es Carla Andrea Nardiello
Soy Abogada, creo en el diálogo y la comunicación como la principal herramienta para llegar al entendimiento de las personas que se encuentran dentro de un conflicto.
En el ejercicio de la profesión, es importante para mí integrar el campo emocional en la mirada del conflicto, como así también el valor de la confianza, el trabajo en equipo, la interdisciplina, la transparencia, buena fe y la escucha.
Mi propósito como abogada es abordar los conflictos desde un lugar humano y trabajar en coherencia con quien soy.
El ámbito donde desarrollo mi ejercicio profesional desde hace 20 años, es principalmente en el derecho de familia. Hoy más que nunca, considero que es importante e imprescindible que los profesionales y los diferentes actores de la justicia adquiramos todas aquellas habilidades necesarias que nos permitan tener una mirada integral del conflicto, donde pueda integrarse el contexto emocional y humano del cliente.
El mundo ha cambiado y, por ello, considero que nuestro rol como abogados no puede quedar al margen de este cambio. Por tal motivo, creo que debemos actualizar nuestras competencias para ejercer la profesión desde un lugar humano, generando espacios propicios para el diálogo en donde sean escuchados los verdaderos intereses de las personas que se encuentran inmersas dentro del conflicto.
Es por ello que decido formar parte de esta Asociación de Coaching jurídico y Derecho Colaborativo, con el compromiso y propósito de sembrar el camino de un nuevo abogar y construir un nuevo paradigma junto a los profesionales que tengan la convicción de la existencia de otras formas más humanas y adecuadas de resolución de conflictos, que vayan de la mano del diálogo, la colaboración, el trabajo en equipo, la transparencia y la buena fe. De manera tal que nos permita encontrar, en nuestro rol de abogados, coherencia con quienes somos.
Mi nombre es María Alejandra Russo.
Soy aprendiz, en firme y continua evolución.
Mi vida es un proyecto en construcción, un proyecto que tejo conmigo misma, que reconstruyo diariamente y que también resignifico con cada experiencia.
Después de haber trabajado como abogada durante muchos años, estoy convencida de que hoy nuestra sociedad necesita contar con un abogar diferente, capaz de obtener los mejores resultados para todas las partes y en todos los niveles, incluido el emocional. Es allí donde aparece la importancia de la calidad en la forma de resolución de conflictos.
Tal así, quiero trabajar en pos de una sociedad donde se prevea, propicie y promueva mecanismos de información y participación, prevención y resolución colaborativa de disputas en las diversas áreas. Una sociedad que, en forma consciente y comprometida, invierta tiempo y esfuerzo en educar para la paz y en lograr una convivencia más fluida. Una sociedad donde las personas cuenten con herramientas comunicacionales que permitan que el diálogo sea la forma preferente para abordar las diferencias y puedan escoger informadamente la forma adecuada para resolver sus disputas según cada caso en particular y en donde la judicialización sea la última opción.
Me sumo a esta Asociación, con el compromiso de co-crear un nuevo paradigma en el ejercicio profesional del derecho, donde prime la cooperación entre las partes y sus abogados en aras a la búsqueda consensuada de una solución integral del conflicto que satisfaga los intereses y las verdaderas necesidades de las partes dentro de un procedimiento adecuado, responsable y constructivo.
Me llamo Hernán Luis Lell y ejerzo la abogacía.
Preguntar qué significa eso implica llevar adelante una reflexión tal vez demasiado profunda (por todas sus implicaciones) y, a la vez, trivial, pues todos sabemos “lo que hace” un abogado. También es, parcialmente, incorrecta, pues no solo ejerzo la abogacía. Pero me pidieron un currículum y una intención (¡no una biografía!), por lo cual debo ser breve.
Como pueden ver de una simple lectura de mi desarrollo profesional, tengo recorridos caminos muy variados. Y en todos esos caminos encontré estaciones, mojones y paradas. En todas litigué, discutí (¡mucho!), negocié, acerté, equivoqué (demasiado), concerté, recurrí, impugné, demandé, respondí, perseguí, defendí, asesoré, enseñé, aprendí… Algunos caminos fueron complejos, otros no tanto. Pero en todos advertí (y advierto) que la satisfacción llegaba al finalizar (¡un caso menos!), mientras que el proceso era, a veces, literalmente, tortuoso.
Por eso, sin desconocer la importancia que tienen todos los mecanismos “institucionalizados” de resolución de conflictos y en los que me desenvuelvo con cierta soltura, a pesar de las innumerables y cotidianas complicaciones y las exigencias de actualizaciones constantes, sostengo que hay otro mundo por descubrir, que hay otros caminos por recorrer y otras estaciones para detenerse “a tomar un café” y disfrutar mejor del viaje, entendiendo a la abogacía como una construcción a partir de la colaboración antes que de la confrontación, de la comunicación efectiva (y afectiva) y eficaz (¡vale el trabalenguas!) antes que de la discusión, y donde podamos profundizar nuestras habilidades hacia un abogar diferente, sin pensar todo el tiempo en el litigio judicial.-
Me sumo, entonces, a esta Asociación como miembro fundador, con el compromiso de aportar, desde mi experiencia y mi saber, un espacio que procure llevar a la abogacía hacia otro lugar donde la escucha, la comprensión y la humanidad sean primordiales. Demasiado fácil es delegar la resolución de los conflictos en otras personas. Asumamos, desde ahora, el compromiso de hacerlos por nosotros mismos. –
Mi nombre es Victoria Ana Elisa Scoccia.
Me declaro abogada en proceso de constante aprendizaje, y mi propósito es inspirar, guiar y ayudar a aquellos colegas que sienten y creen en una nueva forma de ejercer la abogacía, para que desplieguen dentro de sus respectivos campos de influencia un ejercicio de la profesión alineado y en coherencia con sus propósitos más profundos, aquellos que los motivaron alguna vez a querer ser abogados.
En este sentido, considero necesario e imprescindible conectarnos con un nuevo abogar más humano y al servicio tanto de lo individual como de lo colectivo.
Para ello estoy convencida de la necesidad de incorporar y entrenarnos en competencias basadas en habilidades blandas y de lo imprescindible del autoconocimiento, como herramientas indispensables para aquel abogado que ha elegido de manera consciente implicarse en el logro de cambios sociales a mediano y largo plazo.
Asumo mi compromiso como parte de esta Asociación con la intención de generar, construir y fomentar vínculos basados en la colaboración y cooperación mutuas, abriendo espacios de diálogo entre los distintos actores del ámbito de la justicia (colegas, clientes, jueces, funcionarios, auxiliares de la justicia, etc.) devolviéndole así a la abogacía su verdadera esencia.
Soy Giselle Nadia Rojas Rodríguez, siempre quise ser abogada.
Nunca tuve muy en claro por qué y para qué, pero lo sentía un camino ineludible. Me recibí y comencé a trabajar en distintos estudios. Nada de lo que tenía que ver con la imagen de la abogada que debía ser me hacía sentido, estaba perdiendo mi esencia a medida que me profesionalizaba.
La crisis mundial que significó la pandemia, calo hondo en mí, decidida a abandonarlo todo conocí, casi por casualidad, el Programa de Coaching Jurídico Transformacional de Rossana Bril y siguiendo la voz de mi alma lo tomé.
De la mano de este programa me permití ser, entendí que hay otra forma de abogar, que el mundo emocional que me habita tiene un lugar, una razón de ser y que trabajo en resonancia con aquellos mundos emocionales con los que estoy vibrando por alguna razón. Encontré una humanidad en mi carrera, en mi profesión, que me invitaba a conocerme y a sacar lo mejor de mí para así poder dar un servicio distinto, más auténtico.
Tuve la fortuna de conocer distintos profesionales con estas mismas inquietudes, entre ellos colegas atravesando estas mismas crisis y sintiendo estos mismos sueños de cambios. Supe ahí, que hay otra forma de trabajar en mi profesión, que el dialogo es posible aun en los pares más improbables, que la escucha atenta, la integración del mundo emocional, las preguntas poderosas y el respeto al otro, a su historia y dignidad son las herramientas que realmente transforman las relaciones. Que se pueden encontrar alternativas de solución a los conflictos tratando de no herir las relaciones humanas en juego. Y qué importancia fundamental tiene esto especialmente en el ámbito del derecho de familia.
Tengo en claro que es un camino largo, que hay mucho que trabajar, pero siento la alegría del llamado a hacerlo, me emociona sentirme una “abogada de paz” y de poner en marcha, al integrar esta asociación, una verdadera semilla de cambio.
Mi nombre es Lorena soledad Capella.
Mi recorrido por distintas instancias educativas -formales y no formales- han hecho que mis principios rectores sean el respeto por el prójimo, la autonomía, la responsabilidad, la honestidad, la tolerancia, el diálogo, la creatividad, la paz, la justicia y la solidaridad, máximas que me guían en el abordaje de los conflictos interpersonales desde una visión sistémica que prioriza el bienestar de los vínculos.
Como abogada apasionada por el Derecho de las Familias, disciplina en la que me he formado y sigo formando desde hace más de 27 años, dispongo toda mi experiencia y conocimientos al servicio de la pacificación y resolución de los conflictos.
En aras de tal cometido ejerzo la profesión de manera holística, considerando a la persona en su integralidad, valiéndome de las diferentes herramientas adquiridas a través del estudio del derecho colaborativo, la mediación, el derecho sistémico y el coaching jurídico.
El acompañamiento y asistencia en la búsqueda y construcción de soluciones que prioricen a las personas y que les permitan identificar en el conflicto jurídico una nueva oportunidad es mi principal objetivo y lo que me inspira y guía para ser miembro fundadora de la Asociación Argentina de Coaching Jurídico y Derecho Colaborativo.
Mi nombre es María Luisa Gómez .
Cuando me preguntan ¿en qué momento me di cuenta de que la abogacía era mi camino? Debo remontarme a edades muy tempranas, tal vez 6 o 7 años de edad. No tuve dudas respecto a mi vocación, pero con el tiempo encontré que había algo que me hacía ruido. Así es que, pandemia mediante, se cruza en mi camino Rossana Bril con sus cursos de coaching jurídico 1 y 2. Ahí encontré la respuesta a mis “ruidos”, “vacíos”, “baches”: “abogar de una forma diferente era posible”, el
“Otro” soy “yo”. Por ende, juntos podemos encontrar respuestas a los conflictos que nos presenta la vida.
Litigar no es la única salida, y, aun en el caso que sea necesario judicializar, hace la diferencia cómo encuentro de manera amigable, respetuosa y validando al otro, el camino para resolver el proceso en el cual estoy acompañando al cliente.
Ser parte de la asociación me impulsa a ahondar y compartir el ejercicio de la abogacía con los clientes y colegas desde un lugar más empático, amigable y sin “yoísmos” que empañen el bien común.